La historia de Custodio Mendes, el desconocido caboverdiano que jugó en Honduras
El inédito cruce mundialista entre Cabo Verde y Argentina desempolvó la peculiar historia de Adriano Tomás Custodio Mendes, el único futbolista africano de ese país que ha jugado en la Liga Nacional de Honduras.

Adriano Tomás Custodio Mendes
El fútbol hondureño guarda en su archivo histórico capítulos sumamente exóticos, pero pocos tan peculiares como el paso del único jugador caboverdiano en la Liga Nacional. Adriano Tomás Custodio Mendes, un nombre que quizás muchos aficionados catrachos no tenían en el radar, defendió los colores de los Pumas de la Universidad en 1997. Recientemente, su historia cobró relevancia tras el inédito choque mundialista entre la selección de su natal Cabo Verde y la de Argentina, país que lo adoptó desde su infancia.
En una entrevista concedida al periodista Gustavo Roca, Custodio Mendes abrió el baúl de los recuerdos para repasar su dura historia de vida, su accidentada travesía por el fútbol de Honduras y el dilema emocional que sufrió al ver a sus dos grandes amores enfrentarse. Su relato es un testimonio de resiliencia y pasión por la pelota que va más allá de las fronteras.
El origen de Custodio está marcado por una tragedia temprana que forjó su carácter. Nacido en Cabo Verde, su infancia transcurrió en un entorno familiar que se derrumbó de golpe, obligándolo a buscar un nuevo hogar al otro lado del Océano Atlántico, donde residía su hermana mayor.

“Yo cuando tenía 8 años me quedé huérfano. Es una historia linda pero tiene cosas tristes también. Con la edad de 8 años ya me quedé sin mamá y sin papá”, confesó el exfutbolista, recordando los duros momentos que vivió en África antes de iniciar su travesía hacia Sudamérica.
Debido a que en esa época Cabo Verde era una colonia portuguesa, el viaje hacia Argentina no fue directo. Custodio y sus familiares tuvieron que realizar una prolongada escala en Europa para gestionar la documentación necesaria que le permitiera cruzar el charco legalmente y comenzar una nueva vida.
“Tenía que viajar sí o sí a Lisboa para hacer los trámites, sacar el pasaporte, todas esas cosas y me tardó demasiado tiempo. Cuando terminó todo ese proceso bastante largo, con edad de 12 años ya subí el avión y aterricé en Buenos Aires”, relató con nostalgia el africano.
SU LLEGADA A HONDURAS
Ya establecido y formado futbolísticamente en Argentina, su llegada a Honduras se dio a finales de los años 90. Inicialmente, aterrizó para probarse con el Real España que dirigía Flavio Ortega, pero las cambiantes negociaciones económicas con la directiva aurinegra provocaron su enojo y su regreso prematuro al sur del continente.

“Habían arreglado un dinero y yo vi que daba vuelta, que eran cinco, que eran 10, que eran 15. Yo dije: ‘La verdad que no tengo ganas de que me estén boludeando’. Agarré y le digo al representante: ‘¿Arreglamos o nos volvemos?’ Y me volví a Argentina”, detalló sobre su primer intento frustrado en suelo catracho.
Sin embargo, el destino le tenía preparado un regreso a Honduras meses después, gracias al hijo del legendario entrenador Chelato Uclés, Francisco Herrera, quien le ofreció un contrato con los Pumas de la Universidad. Allí debutó ante Real España, aunque su etapa estuvo marcada por fuertes diferencias tácticas con el técnico hondureño de apellido Calderón, lo que terminó marginándolo del plantel.

A pesar del trago amargo en lo deportivo, el caboverdiano (quien por cierto recomendó la llegada del técnico Héctor Vargas a Honduras) guarda un gran cariño por el país. “En Honduras me fue mal futbolísticamente porque no nos entendíamos con el técnico… pero yo siempre digo, sacando eso, la pasé bien, me trataron bien, no tuve ningún problema”, aseguró.
El cierre de la charla se centró en la histórica participación de Cabo Verde y el dramático cruce frente a la Argentina. Para Custodio, quien nunca imaginó ver a su país natal en un Mundial, ese partido se convirtió en una verdadera tortura emocional que lo obligó a tomar una drástica decisión personal.
“No podía salir corriendo ni para allá ni para allá. ¿Por qué? Porque son mis raíces, es mi sangre, mi raza, mis papás, pero también tengo la Argentina que hace 52 años me abrió las puertas y todo lo que tengo es gracias a la Argentina”, explicó sobre su profunda dualidad.

Para no lastimar ninguna de sus raíces, Custodio optó por no celebrar nada. “Si gritara un gol de Argentina me estaría traicionando mi sangre; si gritara un gol de Cabo Verde estaría traicionando al país que me dio todo”, sentenció. Al final, vio el partido rodeado de amigos argentinos, quienes, tras gritar eufóricamente el primer gol de Messi, recordaron de golpe su presencia y le pidieron perdón.
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